Plomo y hierro galvanizado: por qué hay que cambiarlos
El parque de vivienda asturiano anterior a los años ochenta se hizo con dos materiales que hoy están agotados. El plomo, además del problema sanitario evidente, se pica y termina goteando por la unión. El hierro galvanizado hace algo menos visible y más molesto: se va llenando de óxido por dentro hasta que una tubería de media pulgada deja pasar el caudal de un lápiz.
Las señales de que la instalación está criada son siempre las mismas:
- Baja presión que empeora cuando alguien abre otro grifo en la casa.
- Agua turbia o rojiza al abrir por la mañana, sobre todo en la ducha.
- Manchas de humedad en el techo del vecino de abajo o en la pared del baño.
- Grifos que gotean al poco de cambiar la maneta, porque el problema está aguas arriba.
Cambiar solo el trozo que perdió es tirar el dinero: el resto del tubo tiene la misma edad y va a fallar por otro punto en poco tiempo. Se lo diremos aunque suponga presupuestar más obra de la que usted venía a pedir, y también al revés: si la instalación es de cobre o multicapa y está bien, no la tocamos.
Cómo montamos una instalación nueva
Trabajamos con tubería multicapa —núcleo de aluminio entre dos capas de polietileno— por una razón práctica: no se corroe, no cría cal como el galvanizado, absorbe la dilatación y se monta con accesorios prensados que no dependen del pulso de nadie. En instalaciones vistas o en tramos de caldera seguimos usando cobre, que es donde tiene sentido.
El protocolo es siempre el mismo:
- Llave general accesible y llave de corte independiente en cada cuarto húmedo, para no cerrar la casa entera por cambiar un grifo.
- Tubo bajo corrugado en los tramos empotrados, de modo que una futura reparación no obligue a picar.
- Trazado en paralelo agua fría y caliente, con separación suficiente y aislamiento en la caliente.
- Prueba de presión antes de cerrar la pared, no después de alicatar.
- Desagües con pendiente correcta y sifones registrables, que es lo que evita el atasco crónico y el olor.
El detalle que más gente subestima es el desagüe. Mover un inodoro de sitio no es cuestión del tubo de agua: es la pendiente del desagüe, y a veces obliga a un falso suelo o a un inodoro con triturador. Es la partida que más cambia el presupuesto de un baño, y por eso la comprobamos en la primera visita.
Fugas: encontrarlas antes de picar
Una fuga empotrada no está donde aparece la mancha. El agua sale por un punto, corre por debajo del solado o por el trasdós del alicatado y aflora tres metros más allá, muchas veces en la vivienda de abajo. Quien empieza a picar por la mancha suele romper una pared que estaba perfecta.
Nosotros localizamos primero: cierre por sectores para acotar el tramo, control de presión en la instalación y comprobación de humedad en el paramento. Con eso se acota la rotura a lo imprescindible, se repara y se deja el paño listo para pintar o alicatar.
En comunidades de propietarios preparamos el informe con fotos y presupuesto por capítulos, que es lo que hace falta para llevarlo a junta o para presentarlo al seguro del edificio cuando el daño afecta a bajante o montante general. Merece la pena tramitarlo antes de asumir el gasto entero por su cuenta.
Bajantes, calderas y agua caliente
Además de la instalación interior hacemos sustitución de bajantes —el trabajo típico de comunidad en los edificios asturianos de posguerra, donde la bajante de fibrocemento o de fundición ya ha cumplido— con insonorización en el tramo que cruza viviendas, que es la queja número uno cuando se cambia sin pensarlo.
En agua caliente montamos y sustituimos calderas de condensación y termos eléctricos, con su ventilación y su evacuación de humos conforme a normativa, y dejamos la instalación preparada para aerotermia cuando la vivienda va a ir por ahí. Si la caldera está en una galería —muy habitual en Oviedo y Gijón— revisamos que el cerramiento cumpla con la ventilación que exige el aparato, porque es un fallo que se hereda de reformas antiguas.
Cuando la fontanería va dentro de una obra mayor, entra justo después del derribo y antes que la electricidad y el alicatado. Ese orden, que parece un detalle, es el que evita rehacer trabajo terminado.